viernes, 29 de abril de 2011

De facebook, twitter y otras redes sociales en la educación.

De facebook, twitter y otras redes sociales en la educación.[1]

Daniel R. Peñaranda Mariño

Un fenómeno bastante interesante viene sucediendo actualmente: las redes sociales. Sin interesar de quien fue la idea inicial, lo que llama la atención de estos mundos virtuales es la gran aceptación que tiene en la juventud. Actualmente resulta interesante ver como en un Internet el 80% de los usuarios están conectados en una de estas redes sociales, la más común es la del facebook. Me acuso y reconozco culpable de usar esta red. Pues en primera instancia te abre un mundo bastante amplio, siendo así uno puede estar tranquilamente chateando con un amigo en Francia, con otro en Argentina, o con el vecino del frente. Tiene gran aceptación en la juventud porque en una segunda instancia les permite romper la gran timidez que caracteriza a la juventud. Si en persona no pueden hablar a un/una chico/a, mediante estas redes les es posible no solamente hablar con ellos, sino llegar a ser sus amigos. Incluso pueden llegar a tener amigos inimaginables en su realidad, como ser artistas de renombre, o modelos. Estas redes sociales les permiten trascender sus barreras prohibitivas.

La educación en Bolivia siempre se ha caracterizado por su poco apego a las nuevas tecnologías. ¡Grave error!, pues los jóvenes aprenden más cuando se les enseña por medio de un canal que les es familiar. Grandes empresas han crecido enormemente gracias al uso de la Internet, muchos centros de enseñanza han ampliado su oferta académica mediante las clases on-line. La red ya no es un privilegio para algunos, como lo era cuando llegó a nuestro país, ahora es uno de los grandes medios de entretención y comunicación de los jóvenes. Entonces, como educadores, lo que se debe hacer es adaptar a estas redes sociales nuestras técnicas de enseñanza. Cuando abrí mi perfil en el facebook, gané muchos amigos mediante un gusto particular: la literatura; mediante un juego sencillo de preguntas y respuestas. Sinceramente pensé que muy pocas personas accederían a responder a preguntas de libros y autores en general, grande fue mi sorpresa que en una semana ya superaba las doscientas amistades. Pasado un tiempo empecé a recibir las solicitudes de amistad de algunos estudiantes, ¡gran dilema! ¿Es ético tener de amigo a un estudiante en una red social? Esta pregunta me persiguió durante mucho tiempo, siendo así, en un principio sólo acepté a ex-alumnos, para evitar cualquier malentendido. Pero, también me nació una idea: aceptar las solicitudes con un afán educador, es decir, construir un espacio donde los estudiantes puedan acceder a temas ya pasados o preguntas relacionadas con la materia. Actualmente el espacio en el facebook ya está creado y es visitado por los estudiantes que acceden a mi perfil. El éxito sólo el tiempo lo dirá, pero como herramienta es bastante útil, pues se le proporciona al estudiante un espacio donde puede solucionar sus problemas y dudas en cuanto a su aprendizaje.

Obviamente lo anterior es sólo un pequeño botón, pues las utilidades que se les pueden dar a estas redes sociales son más. Es como lanzar el anzuelo esperando capturar al pez. Mediante estas redes se puede orientar al estudiante para que vaya conociendo la red como una herramienta de investigación, proporcionándole los link’s de las páginas que a nosotros como docentes nos interesa que vean, y así ampliar su léxico internauta. Como docente agradezco bastante a comunidades virtuales que hacen posible que me actualice a diario con información fresca y novedosa (aunque mi amor siempre serán los libros, aquellas reliquias de papel y olor a imprenta), y que a la vez hacen posible que los estudiantes empiecen a culturizarse mediante la red, muchos espacios tienen sus perfiles en facebook y en twitter, como ser History Channel, National Geographic, Biblioteca Cervantes, El Aleph, y otras más. Entonces, lo que se debe hacer es refrescar al estudiante con estos nuevos espacios.

Actualmente la Institución cuenta con su página web, que es un indicio de su afán de modernización. Si bien ahora se utiliza con un fin informativo, pues los padres pueden ingresar a la misma y saber cuál es el desempeño de su hijo, a futuro se piensa en crear una comunidad virtual en la que tanto el estudiante, como el padre de familia, puedan interactuar con la institución. Como institución contamos con la sala de computación, en la que los estudiantes aprenden cuestiones básicas informáticas. A futuro se piensa crear un laboratorio en la que los estudiantes podrán tener el acceso a Internet, y por ende a los sitios que nosotros les guiemos. Gracias a la visión de los esposos Moya y La Sra. Gloria Moya, se está equipando a la institución para que nuestros estudiantes reciban la mejor educación, apoyándonos en técnicas modernas y herramientas tecnológicas. Esta apuesta tiene que ser trabajada por los docentes para poder ampliar el bagaje de conocimientos de nuestros estudiantes.

Finalmente, se está incorporando mucho de la tecnología para una mejor enseñanza. En un futuro cercano la institución será la más moderna de la ciudad de El Alto. Pero, como a toda institución le falta romper algunas prohibiciones y acceder a nuevas formas virtuales. Es más fácil que el estudiante acceda a un espacio de la institución en una red social. Esto se debe aprovechar, porque la sed de conocimiento está en los jóvenes, nuestra labor es brindarles las cantimploras necesarias, ahí donde están. Ya lo dice el viejo y conocido refrán: “si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma”, entonces nosotros tenemos que llegar a nuestros estudiantes, en todo momento, en todo lugar. Ya les di un guiño de dónde están, ahora sólo falta que ustedes den el siguiente paso.



[1] Copio el ensayo publicado en la revista del Colegio Jesús de Nazaret, con el crédito verdadero, pues es de mi autoría, corrigiendo de alguna forma el error cometido por la imprenta al poner el nombre de otra persona.

jueves, 28 de abril de 2011

DE LO PARTICULAR UNIVERSAL

Reflexiones sobre la Literatura Rioplatense

Una marcada tendencia se siente al hablar de la literatura del Río de la Plata. Esta tendencia se aboca ha demostrar la universalidad de esta literatura. Este referente carecería de sentido si no fuese así, pero, como varios autores lo demuestran, esta literatura se ha ganado y merece esa adjetivación, pues es universal. Tenemos a dos autores que indagan sobre el tema, Ricardo Piglia, y Juan José Saer.

Ricardo Piglia cuestiona la existencia de una novela argentina. Este cuestionamiento se basa en el cruce o polarización con la literatura polaca (por decirlo así), el entramado de la traducción. Una literatura que se ve expuesta como una en todas partes, pues no existe traducción, sino apropiación o re-invención de una nueva literatura. Cuando se traduce se re-escribe la ficción y se tiene una nueva. Esta nacerá del producto o de la traducción, atravesando los problemas lingüísticos por un lado, y por otro el de mantener un tono, un estilo, un lenguaje. Esta tensión crea una dualidad en la escritura, la lengua materna y en la que se escribe:

Borges lleva a la perfección un estilo construido a partir de una relación desplazada con la lengua materna. Tensión entre el idioma en que se lee y el idioma en que se escribe que Borges condensó en una sola anécdota (sin duda apócrifa). El primer libro que leí en mi vida, dijo, fue el Quijote en inglés. Cuando lo leí en el original pensé que era una mala traducción. (En esa anécdota ya está, por supuesto, el Pierre Menard.) ¿Cómo leer el español como si fuera el inglés? O mejor: ¿cómo escribir en un español que tenga la precisión del inglés pero que conserve los ritmos y los tonos del decir nacional? Cuando Borges resolvió ese dilema construyo una de las mejores prosas que se han escrito en esta lengua desde Quevedo. [PIGLIA, 1986: 38]

Esta transición de una escritura a otra origina lo que el autor denomina el sentir nacional (argentino). La literatura argentina, según esto, es el resultado del trabajo de una universalidad en el lenguaje. Trabajar desde la esencia del lenguaje no como un efecto del habla, sino como una construcción que permite el acceso a un lenguaje universal. Nace la idea de un particular universal. Borges es único, pero es universal. La literatura argentina se construye en los cruces o riquezas del intercambio de las traducciones, a decir de Piglia. Aunque queda latente la pregunta si existe una novela argentina. Piglia propone que los novelistas escriben para contestar a esa pregunta, dejando de manifiesto esta universalidad, pues con el producto logrado no se podría hablar de un regionalismo o nacionalismo, sino de un universalismo de sus escritores.

En una línea en apariencia distinta encontramos a Saer. Este autor reflexiona sobre el peligro del tradicionalismo, pues este ahoga a las tradiciones. La diferencia que marca es interesante, pues hace del tradicionalismo una corriente que congela las posibilidades de una tradición en movimiento, pues la tradición puede cambiar sin perder su esencia, en cambio el tradicionalismo se frena en el tiempo y espacio y congela todo a su alrededor. Para ejemplificar esto recurre a las religiones que conservan un tradicionalismo sin cambio. Confronta este hecho con el arte, que tiene tradición, pero no por esto se estanca, sino que se enriquece de cada nueva propuesta y logra ampliarse. En ese afán encuentra o se refiere al Río de la Plata, como un pequeño lugar que en poco más de tres siglos “afrontó en sucesión precipitada luchas, pruebas y transformaciones”, que “ostenta desde sus orígenes un gusto por lo lejano, por heterodoxo, por lo diferente.” (1999: 101). En este escenario se hace presente una cultura particular al resto de América:

En el siglo XX, permeable a muchas influencias, del socialismo a la literatura fantástica, del surrealismo al pensamiento estructuralista, del marxismo al psicoanálisis, la cultura del Río de la plata alcanzó madurez, diversidad y universalidad. [1999: 102]

Como se advierte en el fragmento esta cultura apunta a lo universal. Nace esta idea de que el universo, al igual que una analogía, está condensado en un pequeño espacio, en este caso el Río de la Plata. Las alusiones al Aleph borgiano no son arbitrarias, porque es la mejor manera de demostrar que el universo (literario) está condensado o representado en ese espacio, con escritores de ese lugar. La propuesta de Saer va más allá de la de Piglia porque suma su reflexión de tradición y cambio, y la condensa con la universalidad del Río de la Plata. Se siente ese ser particular universal, ya no es el universo en un pequeño espacio, sino el pequeño espacio que se expande a todo el universo, el sentido mismo de la analogía.

Para terminar. Ambos autores proponen la universalidad de la literatura, ya sea por la interrelación en las traducciones, el crear un nuevo lenguaje con características universales, o el ver el mundo desde un lugar. Esta universalidad de la literatura enriquece el sentido mismo de la labor del escritor, pues a diferencia de ser éste sentado frente a la hoja en blanco, es el universo mirando por sus ojos cómo será escrito.

BIBLIOGRAFÍA

PIGLIA, Ricardo

1986 ¿Existe la novela argentina?, en Crítica y ficción, Seix Barral, B. Aires.

SAER, Juan José

1999 Tradición y cambio en el Río de la Plata, en La narración- objeto, Planeta, B. Aires.

Un recorrido por Seis autores Rioplatenses

I. UN POCO DE INFROMACION SOBRE SUS VIDAS

ARGENTINOS

URUGUAYOS

Fernández, Macedonio (1874-1952), escritor argentino, nacido en Buenos Aires, quien con su obra originalísima se distingue por sus continuas invenciones sobre cualquier persona o hecho, lo que le causaba permanentes controversias. Lo que no cabe duda es que es un personaje singular al que, dado su talante genial, hay que considerarlo como la encarnación de la vanguardia.

En sus poemas misteriosos él declara un antecedente del movimiento ultraísta y en su primera obra No todo es vigilia la de los ojos abiertos (1928) se reconoce como el primer autor metafísico argentino.

Otras obras destacables son: Papeles de recienvenido (1927) y Museo de la novela de la eterna (1929).

En su libro Poemas de trabajos de estudios de la estética de la siesta (1953) se manifiesta la argumentación del pensamiento metafísico.

La literatura macedoniana, alejada del culto a los lugares comunes, propone la antisolemnidad con la teoría y la técnica del ‘humorismo conceptual’ muy valorado por Borges, influyó en toda una generación de intelectuales, entre los que habría que contar a Julio Cortázar.[1]

Hernández, Felisberto (1902-1964), escritor uruguayo.

Fue también un músico notable, y vivió de sus conciertos de piano en Uruguay y Argentina mientras publicaba sus primeros y breves relatos: Fulano de tal (1925), Libro sin tapas (1929), La cara de Ana (1930) y La envenenada (1931). Su dedicación a la literatura se acentuó tras la publicación de la novela Por los tiempos de Clemente Colling (1942), donde evocó su adolescencia y al pianista ciego que fue su maestro de armonía y composición.

Ya en plena madurez escribió dos relatos largos más, dedicados también a la recuperación del pasado y al análisis de los mecanismos de la memoria: El caballo perdido (1943), y Tierras de la memoria, que apareció póstumo en 1965. En su última etapa, cuando el trabajo en una oficina le permitía una dedicación plena a la literatura, prefirió el relato breve y fantástico: sus colecciones Nadie encendía las lámparas (1947) y La casa inundada (1960), así como su novela corta Las hortensias (1949), lo consagraron como un verdadero maestro del género, que renovó con la irrupción de los misterios del inconsciente en la vida cotidiana.[2]

Arlt, Roberto (1900-1942), novelista y dramaturgo argentino, que abrió el camino a una nueva narrativa de tema urbano.

Nació en Buenos Aires el 2 de abril de 1900, hijo de padre alemán y madre italiana. Entró como secretario de Ricardo Güiraldes en 1924 y empezó a publicar en la revista Proa que Güiraldes dirigía; también escribió crónicas policiales en el diario Crítica, y desde entonces se dedicó al periodismo. En 1930 obtuvo el tercer premio del Concurso Literario Municipal con su novela Los siete locos (1932). Onetti ha dicho de él: "Es el último tipo que escribió novela contemporánea en el Río de la Plata".

Su primer libro, El juguete rabioso (1926), es una de las mejores novelas argentinas. En Los siete locos (1929) y Los lanzallamas (1931), vuelve a aparecer retratado de modo muy realista el mundo de los bajos fondos de Buenos Aires, con sus tangos, delincuentes, prostitutas y rufianes. Arlt también escribió relatos, crónicas y obras de teatro renovadoras como La isla desierta (1937), un amargo retrato sobre la burocracia.[3]

Quiroga, Horacio (1878-1937), escritor uruguayo, nacido en Salto y muerto por suicidio en Buenos Aires. Deportista y aficionado a las ciencias, funda la tertulia de "Los tres mosqueteros" y se inicia en las letras bajo el patrocinio de Leopoldo Lugones. Ejerce empleos consulares y la crítica de cine, y pasa largas temporadas en el medio rural de Misiones, en la frontera argentino-paraguayo-brasileña, ambiente del que tomará temas para sus narraciones.

Su carrera se abre en la poesía, dentro del ámbito del modernismo, con Los arrecifes de coral (1901). No le son ajenas las influencias de Rudyard Kipling, Joseph Conrad y, sobre todo, el magisterio de Edgar Allan Poe, por la atmósfera de alucinación, crimen, locura y estados delirantes que pueblan sus narraciones.

Obras: El crimen de otro (1904), Historia de amor turbio (1908), Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917), Cuentos de la selva (1918), El salvaje (1920), Las sacrificadas (1929), Anaconda (1921), El desierto (1924), Los desterrados (1926), Pasado amor (1929), Suelo natal (libro de lectura para niños, en colaboración con Leonard Glusberg) y Más allá (1935).[4]

Girondo, Oliverio (1891-1967), escritor argentino, que destacó especialmente en la poesía.

De familia acomodada, viajó a Europa en su primera juventud, tomando contacto con las vanguardias. Participó en la implantación de las mismas en Argentina, intentando el teatro y el periodismo, pero afincándose en la poesía. Contribuyó a la trayectoria de revistas que difundieron el ultraísmo, como Proa, Prisma y Martín Fierro. En ellas se dieron a conocer algunos de los principales escritores de su tiempo: Borges, Marechal, Güiraldes.

Su primer libro perfilado es Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922), donde recoge la poética de la gran ciudad moderna, propuesta por el poeta francés Guillaume Apollinaire y el futurismo. El uso de palabras propias (neologismos) alternado con el verso libre y algunas formas clásicas, marca la diversidad de su obra en títulos como Calcomanías (1925), Espantapájaros (1932), Interlunio (1937), Persuasión de los días (1942), Campo nuestro (1946) y En la masmédula (1956).[5]

Onetti, Juan Carlos (1909-1995), novelista uruguayo, galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1963 y el Premio Cervantes en 1980. Onetti comenzó a escribir relativamente tarde y, después de publicar su primera novela, El pozo (1939), "cifra de toda su obra posterior", acudió a la Universidad en Buenos Aires y desempeñó gran cantidad de trabajos diferentes.

En El pozo, el narrador queda efectivamente separado de su ambiente corrupto y predominantemente burocrático por una generalizada incapacidad de comunicación. Tierra de nadie (1942) presenta de nuevo el depresivo y pesimista retrato del paisaje urbano. La vida breve (1950) es su libro más famoso y el primero que el autor sitúa en la imaginaria ciudad de Santa María. En El astillero (1960) regresa al tema del caos producido en Uruguay por una desmesurada burocracia, y Juntacadáveres (1964) trata de la prostitución y la pérdida de la inocencia. Estas dos últimas obras desarrollan el tema único de Onetti: el del hombre que persigue una ilusión a sabiendas de que lo es y que además es absurda.[6]

II. VIENDO Y TRATANDO DE ENTENDERLOS

Felisberto Hernández.

Sin duda la virtud de este autor se destaca por la cotidianidad alterada en sus relatos. Alterada porque empieza a distorsionar la realidad ficcional y la mezcla por medio del humor y la ironía. Tanto su novela Las Hortensias, como sus libros de cuentos Nadie encendía las lámparas y La casa inundada, demuestran la forma de entender la creación literaria a partir de situaciones que escapan de la razón. Este logro creo que es el más importante de este autor, puesto que demuestra la libertad de la creación literaria. Manifiéstese que este autor crea y ficcionaliza un mundo a partir de sucesos aparentemente triviales, pero al cargarlos de humor nos quedamos con una simple mueca de despistados, puesto que este autor no hay que leerlo sesudamente (si vale el término), sino literariamente.

Macedonio Fernández.

Permítame el lector un segundo. No se apure, tampoco se desespere, que ya continuamos. Si las páginas me lo permiten seré lo bastante discreto y elocuente para simplemente afirmar que Macedonio Fernández es ficción. El juego con el lector, la autonomía de la obra literaria, la ficción como el elemento principal en el instante de crear. La transgresión de barreras inexistentes entre realidad, realidad ficcional y ficción es el gran logro de este autor. Ya en Los Papeles de Recienvenido demuestra su manera de entender ficción, al ficcionalizarse a sí mismo como un personaje del que nada sabemos y todo lo conocemos a la vez. En Museo de la Novela de la Eterna logra completar este su crear al no simplemente ficcionalizarse él, sino que también sumergir en la ficción al lector, y talvez peco de tanto usar la palabra ficción, el amable lector comprenderá que ante tanta creación hasta la ficción se desvanece capturando todo, y dando así o creando así un todo nuevo.

Horacio Quiroga

El arco se tensa y vuela la flecha, el blanco alcanzado y fulminado en el centro. Podría decirse que así es la narrativa de este autor. El cuento debe tener una estructura que apunta a algo, nada es deliberado en este. Los temas pueden ser varios, pero la muerte vendrá a ser la novia ideal para este autor. Si bien su escenario viene a ser una vuelta a la naturaleza, esta vendrá a ser el conflicto entre civilización y barbarie. Obviamente el autor no pacta con ninguna de las dos partes, sino que re-crea lo que este escenario propone. Leer sus cuentos es leer una parte de un universo que se va completando poco a poco, empiezan a surgir rasgos de una literatura que empieza a coquetear con lo oscuro, con las palpitaciones del corazón, con las emociones, pues su narrativa busca un efecto, un efecto en el lector, busca desestabilizar esa realidad aparentemente tranquila.

Roberto Arlt

No hay mejor escuela literaria que la pasión por la lectura. Esta ha sido la virtud de este autor. Obviamente su obra se centrará en elementos que caracterizan un Buenos Aires, aquel donde el hampa, la vida dura (puerca) entra en juego. Ya en El juguete rabioso se empiezan a dilucidar roces con lo perverso, con el mal. Una literatura que no busca congraciar al lector, sino congraciarse consigo misma. La recuperación del lenguaje de las calles creará un escenario que tiende a poner tensión, matizado con humor negro, creando un ambiente oscuro. Las siguientes dos novelas que continúan la saga Los lanzallamas y Siete locos culminan ese escenario. Las tres novelas pueden leerse por separado, pero en conjunto logran capturar la poética de Arlt, una poética que empieza a trazar una nueva cara en la narrativa, que en este caso no tiene nada que envidiar a otras. Talvez resulte osado, pero con Arlt tenemos a nuestro Narrador Maldito.

Oliverio Girondo

Detengan ese tren, que quiero disfrutar la poesía de este autor. La poesía latinoamericana no volvió a ser la misma desde este autor. Pero, a ser sincero, me quedo con Veinte poemas para ser leídos en el tranvía a En la masmédula. El por qué es el siguiente. En este su primer poemario Girondo recupera esa poesía que está en la ciudad, ese gritar de las paredes, las doncellas en los balcones, una poesía distinta. Si bien En la masmédula hay una creación que se explica a sí misma y logra crear un todo en otro lugar, queda la sensación de la musicalidad de volver a un principio a un origen, al instante en que el sonido domina todo. Es un gran logro, el re-poemario, pero la sencillez con la que se construyen los versos en Veinte poemas para ser leídos en el tranvía captura otra esencia, otra naturaleza. Pero más allá del me gusta no me gusta, está la innovación de este autor, una re-creación del lenguaje, una romper con las reglas desde su propia lógica y trazar un nuevo devenir de la poesía.

Juan Carlos Onetti

Entrar en la obra de Onetti significa encarar la literatura desde otra visión. El juego que el autor propone está marcado por los procesos recreación, una vez más serán cuestionadas las fronteras entre la realidad, la realidad ficcional y la ficción. Desde el sueño y la vigilia, desde el rasgo psicológico de los personajes. Conciente, subconsciente e inconsciente empezarán a entrecruzar una red donde las fronteras se debilitan y se rompen, si es que estas fronteras existieron alguna vez. Ester autor pone de manifiesto eso, la creación como un oficio, como una profesión que debe ser tomada en serio. La literatura es un juego, pero un juego serio; un duelo, donde nadie muere, sólo la ficción si no se comprende a sí misma como tal. Las percepciones empezaran a tomar una singular importancia, puesto que i las letras van apareciendo delante de los ojos, las imágenes empezaran a desfilar ante los demás sentidos. La creación de una obra que abarque todo, personajes que no quedan abandonados al final de una novela, sino que empiezan a ser retomados en otras, en sí, un eterno retorno, pero que se entiende a sí mismo, con cambios y todo lo que implica el retomar una idea original.

BIBLIOGRAFIA

ARLT, Roberto

2000 El juguete rabioso, Mestas, Madrid, España.

2003 (1977) Los lanzallamas, Losada, Buenos Aires.

2003 (1992) Los Siete locos, Cátedra, Madrid, España.

FERANDEZ, Macedonio

1995 Museo de la Novela de la Eterna, Cátedra, Madrid.

Papeles de Recienvenido, sin datos.

GIRONDO, Oliverio

1956 En la masmédula, Losada, Buenos Aires.

2000 Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, Edición digital.

HERNANDEZ, Felisberto

1982 (1974) Las Hortensias, Lumen, Barcelona, España.

1982 Nadie encendía las lámparas, Lumen, Barcelona, España.

ONETTI, Juan Carlos

1980 (1979) El pozo, Seix Barral, Barcelona, España.

1971 La vida breve, Sudamericana, Buenos Aires.

QUIROGA, Horacio

1991 Cuentos de amor, locura y muerte, Antares, Quito, Ecuador.



[1]"Fernández, Macedonio," Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2000. © 1993-1999 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[2]"Hernández, Felisberto,” Idem

[3]"Arlt, Roberto," Idem

[4]"Quiroga, Horacio," Idem

[5]"Girondo, Oliverio," Idem

[6]"Onetti, Juan Carlos," Idem